[los susurradores de caballos]

the_horse_whisperer1.jpg EL escritor y viajero inglés George Borrow narra en su obra La Biblia en España (1842) su exitosa experiencia al susurrar palabras al oído de un "potro cerril, salvaje y de malísimo genio". Sin duda, Borrow estaba familiarizado con la antigua tradición de susurrar a los caballos muy, extendida en el Reino Unido, pero también entre los gitanos europeos y las dos Américas. En Inglaterra, la gente del campo hablaba misteriosamente de los "susurradores": sus secretos y habilidades hereditarias para domar a los caballos provocaron que muchos de ellos fueran acusados de brujería. En el condado de Cambridge, los susurradores constituían un grupo poderoso. Se contaba que su frase secreta era "te ordeno de este modo" y al susurrar la frase en el oído de un potro indomable eran capaces de conseguir lo que quisieran del animal.

En Escocia, alrededor de Huntly (condado de Aberdeen), los susurradores formaron una especie de sindicato llamado "Society of the Horseman's Word" (Sociedad de la Palabra del Jinete), que en realidad era una sociedad secreta integrada por susurradores, herreros y todos aquellos que tuvieran que ver con los caballos. Alcanzó su mayor apogeo en la década de 1870 y no sólo se mantuvo activa hasta aproximadamente el inicio de la Segunda Guerra Mundial, sino que al parecer todavía quedan rastros de la misma. En el seno de dicha sociedad se enseñaba a controlar los caballos con una palabra secreta y se les atraía o repelía respectivamente con la ayuda de sustancias olorosas agradables o malolientes impregnadas en el hueso de un sapo. Los rituales de iniciación incorporaban una serie de elementos esotéricos como la lectura al revés de pasajes bíblicos, mientras que los secretos incluían juramentos, contraseñas y apretones de manos al estilo masónico.

Además de todo lo anterior, a los jóvenes aspirantes a susurradores se le comunicaba la "Palabra", que todavía sigue siendo un secreto sin desvelar. Si esta Palabra se susurraba al oído del caballo, confería al jinete poder absoluto sobre al animal. Un susurrador de renombre fue Dan Sullivan, de Mallow (Country Cork, Irlanda). Al parecer, Dan conseguía domar a un potro salvaje imposible de manejar susurrándole unas palabras al oído. Se cuenta que había aprendido este secreto de un soldado de fortuna en un bar, que a su vez había sido enseñado por un hindú rico al que había servido. El soldado vendió a Dan su secreto por un plato de comida.

A medida que aumentó el empleo de la maquinaría y los caballos empezaron a utilizarse cada vez menos para la guerra y como bestias de carga o transporte, los susurradores empezaron a desaparecer y a ser considerados un mito producto de la ignorancia y la superstición, pero películas como "El hombre que susurraba a los caballos" (1998), dirigida e interpretada por Robert Redford, ha puesto de moda una forma de doma que no sólo se creía enterrada, sino legendaria. La película se inspiró en la figura de John Solomon Rarey, un hombre de Groveport (Ohio), que había domado a su caballo a los 12 años de edad. Su fama se extendió por doquier y en 1858 fue llamado por la reina Victoria para que calmara a su caballo en el castillo de Windsor (Inglaterra). Su vida está recogida en la obra de Nicholas Evans, The Horse Whisperer (1995).

En la actualidad, hay decenas de centros ecuestres donde se doma a los caballos (si no con susurros) al menos no con los métodos brutales de épocas pasadas. También se imparten cursos para aprender a domar a los caballos como lo hacían los antiguos susurradores, si bien la habilidad de aquellos seguramente constituía una forma de magia en sí misma y, por tanto, difícil de emular. La página ecuestre

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